Almendros, ladrillos y algoritmos

Hasta los años setenta, la economía de la Marina Alta se sostenía sobre la tierra y el mar: kilos de almendras, viñas de secano, la pasa que se embarcaba en los puertos y barcas pesqueras saliendo antes del amanecer.

Vino entonces una ola. Las laderas en las que se cultivaban almendros empezaron a llenarse de villas y extranjeros que buscaban el sol de la costa. La comarca cambió sus oficios y su economía, y empezó a ser común ver camiones y grúas por las carreteras. Se desarrolló la hostelería y los negocios relacionados con el turismo, así como las oficinas de servicios profesionales que los respaldaban. A unos les pareció progreso y prosperidad y otros lo veían como una destrucción del paisaje y de su estilo de vida, y probablemente fueran las dos cosas a la vez. Con ello, se dibujó el entorno socioeconómico que conocemos hoy.

Viene a cuento un economista llamado Bruce Henderson, que por la misma época, en 1970, publicaba un ensayo titulado The Product Portfolio en el que presentaba su matriz de crecimiento-participación, conocida también como matriz BCG. A los que estudiamos en la facultad, los profesores nos la explicaban con cuatro casillas: la estrella, la vaca lechera, el interrogante y el perro. Henderson clasificaba cada negocio según dos ejes, su cuota de mercado y el crecimiento de su sector, y con ella trataba de explicar, desde una visión empresarial, que nada permanece quieto.

La matriz BCG de Bruce Henderson: estrella, vaca lechera, interrogante y perro.
La matriz BCG · Bruce Henderson, 1970

Desconozco si con intención o sin ella, hace eco de aquello que Heráclito de Éfeso había dejado escrito veinticinco siglos antes en Sobre la naturaleza: que todo fluye, que la rueda, en este caso el mercado, siempre avanza.

El turismo y las actividades ligadas a él fueron la estrella antes de convertirse en una vaca lechera de nuestra economía. Sobre lo ya construido siguen apareciendo nuevas oportunidades y maneras de trabajar; oficios que ayer no existían y que en un futuro cercano serán habituales.

Así, ha ido entrando otra estrella en el cuadrante: los datos, la tecnología y la inteligencia artificial, que podríamos agrupar bajo el término de digitalización. Como respuesta a ello, estamos dando nuestros pasos en este sector a través de Alonia Digital.

Generación tras generación, las familias y empresas hemos aprendido una cosa: lo único que no se puede sustituir es la capacidad de adaptación. Ver venir la ola, entenderla a tiempo y arrimar el hombro para subirnos a ella es fundamental para permanecer en el mercado.

Por ese motivo considero importante acercar la inteligencia artificial y las oportunidades que ofrece la digitalización a los negocios de la Marina Alta y su entorno: a la hostelería y las inmobiliarias, a las constructoras, a los oficios que sostienen el día a día —fontaneros, electricistas, mecánicos— y a los servicios profesionales que les ordenan las cuentas y «los papeles». Pequeñas y medianas empresas de la zona que han de subirse a la ola para mantener competitivo el tejido productivo.

Cierro el artículo pensando en dos fotografías: la de esta zona de costa en 1970 y otra de hoy. Dentro de cincuenta años, quién sabe qué saldrá en una tercera foto. Conviene tener claro a qué lado de la ola quiere uno quedarse.

Moraira en los años 60-70 y en la actualidad.
Moraira · de los años 60-70 a hoy
El puerto de Jávea en los años 60-70 y en la actualidad.
Puerto de Jávea · de los años 60-70 a hoy

La economía y sus cambios son cíclicos. Esta vez el material son datos, algoritmos y cómputo. Aun así, el olfato, la orientación al negocio, a la calidad y a la profesionalidad siguen siendo los mismos de siempre.

Si tienes un negocio en la zona y te ronda la duda de qué puede hacer hoy la inteligencia artificial por él, o qué podrías mejorar digitalizando tus procesos del día a día, escríbeme y lo vemos juntos sin compromiso.

Escríbeme y lo vemos

← Volver a las notas